-el estado peronista-
Existía otra motivación para que el estado peronista llegase a tener el peso que se le conocería en los años siguientes. De alguna manera esa estructura –a espaldas de la gente hasta entonces- se convertiría poco a poco en un elemento fundamental de la causa peronista y por consiguiente en el instrumento a partir del cual el pueblo lograría su promoción social e individual y el país su grandeza.
Inconcientemente se iría metiendo en el alma de la sociedad peronista que líder, movimiento y estado eran sólo uno y que para conseguir los postulados de la Nueva Argentina era fundamental mantenerlos unidos.
Algunos analistas han creído encontrar en esta actitud de Perón su punto de contacto con el marxismo o, al menos, con el socialismo estatista de aquellos años. Nada más alejado de la realidad.
Ni Perón era marxista, ni mucho menos socialista, ni tan siquiera anticapitalista.
Su línea de pensamiento –en la que convergían aspectos de su formación militar (y por tanto nacionalista), de su entusiasmo frente a modelos de organización corporativos y su visión de la política -como instrumento no tan sólo del ejercicio del poder sino del acomodamiento de las sociedades a los cambios que marcaban los tiempos- era mucho menos heterogénea y revolucionaria de lo que sus acciones y decisiones pudieron hacer parecer al momento de acceder al poder.
El propio Perón define los límites del estado –y los propios- intentando marcar claras diferencias con las experiencias revolucionarias y sus modalidades, tan comunes al mundo convulsionado de la época y –sobre todo- a los caminos que las luchas obreras habían comenzado a multiplicar a partir de la revolución comunista en Rusia (1917):..."esto no es cuestión de lucha cruenta ni violenta; más bien es una tarea de construcción permanente en la cual todos debemos poner la mejor buena voluntad para que se realice lo necesario para llegar al engrandecimiento del país y la felicidad del pueblo argentino. Hay que reconstruir el país que ha sido destruido en gran parte, comenzando por los hombres, y en segundo lugar, liberar al país, en forma efectiva y real, sin provocar perjuicios”.
Estamos frente a un hombre que –sin entrar en juicios terminantes acerca de sus intenciones- pone desde el principio límites precisos a las modalidades del camino emprendido.
Y la única vía de contención de las intenciones violentas y de unidad de los múltiples criterios existentes en una masa de seguidores que había recogido adherentes en todo el arco de pensamiento y acción de la vida argentina era, claramente, el estado peronista.
De éste provendría el marco de referencia que pondría los límites, sería el instrumento para lograr los objetivos y –lo que se notaría desde el principio- detentaría la posesión de todos los resortes generadores de riqueza en el país y las formas de distribuirla.
Entonces el Estado aparecía como un “tercero externo a las relaciones sociales fundamentales... a pesar que es constitutivamente parte de dichas relaciones... Esa apariencia de externalidad sustenta la posibilidad del Estado de constituirse en organizador de la sociedad capitalista o, lo que es equivalente, en organizador de la dominación de la burguesía. Es sobre esta base que el aparato estatal se proclama -y suele ser habitualmente creído- custodio agente del interés general." (O`Donnell 1982).
Todos estos elementos quedarían en claro el conocerse el primer plan de gobierno en 1946, un verdadero compendio de la filosofía peronista.
El primer Plan Quinquenal tenía por objetivos estratégicos la definitiva consolidación de la industria liviana (ligada a la producción de bienes de consumo) y la reforma financiera destinada a poner el dinero argentino en manos argentinas. Ello significaba la creación de miles de puestos de trabajo –lo que contendría las urgencias sociales- y serviría para acelerar el crecimiento del mercado interno, fundamental para Perón no sólo en lo económico sino –y sobre todo- en lo político; un pueblo que accede a bienes y servicios que mejoran su calidad de vida es un pueblo feliz y, por lo tanto, vivirá agradecido a sus gobernantes y no pretenderá cambio alguno en la administración de la república.
Esto necesitaba de herramientas fundamentales como el crédito, para lo que Perón entendía era imprescindible que el estado peronista manejase los resortes del poder financiero argentino.
"Ya antes de nuestro ascenso al poder comenzamos a reformar con el apoyo del gobierno de facto, lo indispensable para ganar tiempo. La primera reforma fue la financiera, mediante la nacionalización del sistema bancario, convirtiendo al Banco Central de la República en un banco de bancos, mediante la nacionalización de los depósitos, y a los demás bancos en agencias del mismo. Esto permitió por primera vez en nuestro país, un control financiero por el Estado, pues hasta ese entonces ese era resorte de los bancos extranjeros de plaza. Ese fue el primer paso de la reforma económica que emprendimos: hacer argentino el dinero del país. (Juan Domingo Perón).
La deuda externa argentina era en 1946 de 3500 millones de dólares y los servicios financieros anuales eran de 1000 millones. Eso, en moneda local, era de 6000 y 800 millones respectivamente.
Al mismo tiempo, la Argentina enviaba al exterior remesas financieras por los servicios públicos, hasta ese entonces en manos de consorcios extranjeros. Los servicios de ferrocarriles representaban 150 millones (lo que tendría vital importancia al momento de su nacionalización) ; la corporación de transportes de la ciudad de Buenos Aires, 120 millones; el servicio de gas, 110 millones; los teléfonos, 120 millones; los seguros, 150 millones; los reaseguros, 50 millones; los servicios eléctricos, 150 millones; la comercialización de las cosechas, 1000 millones; los fletes marítimos, 500 millones de pesos anuales.
A través de todos estos mecanismos, la Argentina se descapitalizaba en forma continua pero, además, el estado veía menguada hasta la desaparición su capacidad de manejar la renta nacional.
En total el país enviaba al exterior 6000 millones de pesos anualmente. Teniendo en cuenta que el monto de la producción anual era de 10.000 millones podemos ver como quedaba escaso margen para intentar –dentro de los parámetros existentes- una tarea de inclusión social que no pasase de lo declamativo. En estas circunstancias podemos encontrar aquellas razones por las cuales las experiencias anteriores sólo se habían limitado a consagrar tibiamente los derechos de los trabajadores, sin que el resultado del orden normativo llegase jamás a cristalizarse en la vida real.
Buscando cambiar esta situación, el gobierno peronista tomó medidas como las siguientes: se creó el I.A.P.I. (Instituto Argentino Para el Intercambio), a través del cual el Estado pasó a controlar el comercio exterior; en una virtual nacionalización del mismo.
A partir de la aparición del I.A.P.I., era este organismo el que compraba la producción a los hombres de campo directamente, pagándoles un precio testigo (que fijaba el estado) por su trabajo y, a su vez lo vendía al exterior, evitando intermediarios que antes se quedaban con la mayor parte del dinero.
En la teoría el productor recibía el pago de un precio justo por su producción y el Estado, en lugar de limitarse a cobrar impuesto sobre las ganancias de los grandes acopiadores y exportadores, era él mismo quien vendía al exterior, evitando intermediarios y quedándose con la totalidad del dinero de la venta, “para utilizarlo luego en beneficio de la sociedad en su conjunto”.
Agotado el tiempo de la bonanza en materia de comercio internacional de granos y de carnes, la realidad indicaría que esta estructura burocrática no era suficiente para sostener el sistema producción-comercialización, lo que llevaría a la pérdida de mercados y aun al desabastecimiento interno.
Aunque a pesar de lo que siempre sostuvieron los detractores del peronismo, la creación del I.A.P.I no fue motivo de queja por parte de los clientes de la Argentina: para los europeos en general y para los ingleses en particular, no era lo mismo negociar con los monopolios intermediarios que con el gobierno argentino conducido por Perón.
Otros aspectos de la realidad económica modificada por el estado peronista han sido motivo de controversia desde entonces; la deuda externa fue, sin duda, uno de ellos.
En 1946, la Argentina tenía una deuda externa de 3500 millones de dólares; en 1955, al dejar Perón el gobierno era casi inexistente.
Claro que para ello –y las modalidades comerciales del I.A.P.I. no estuvieron ausentes de las consecuencias- el gobierno se había visto obligado a la necionalización de la deuda a partir de la compra de capitales extranjeros en el país –especialmente británicos- lo que a pesar de ser presentado ante la gente como un objetivo nacional no siempre tuvo el correlato de la racionalidad ni significó un buen negocio para el país.
Se estatizaron los servicios públicos, creándose numerosas empresas que, pese a fracasar en su intento de impedir la fuga de capitales financieros al exterior, ponían en manos del gobierno resortes estratégicos para el desarrollo dela sociedad.
Se amplió considerablemente la flota mercante del estado y se creó Aerolíneas Argentinas, empresas que se utilizaron para llevar adelante la política que pretendía independizar al comercio exterior de nuestro país frente al monopolio del transporte extranjero, lo que en buena medida representó un logro de la gestión del gobierno peronista.
Tal vez en dónde se vio más claramente la intención del gobierno por convertir al estado en el motor de la economía fue en lo referido al desarrollo industrial.
Se llevó adelante una agresiva política en esa dirección, destinada a lograr una rápida sustitución de importaciones, a la vez que la creación de un extendido mercado de mano de obra especializada.
Para ello, Perón utilizó tanto las divisas obtenidas de la exportación durante la guerra, como también la transferencia de recursos del sector agropecuario al industrial, lo que se hizo en forma anárquica –no exenta de prejuicios ideológicos- granjeando al régimen enemistades y enconos que serían fundamentales a la hora de su caída.
El Segundo Plan Quinquenal buscaba el desarrollo de la industria pesada; y el Tercer Plan Quinquenal apuntaba a consolidar integralmente la industria nacional en todos los planos.
Todos ellos resumían la filosofía del estado peronista y, por ello, preferimos simplificarlos en el enunciado de sus objetivos, lo que nos permitirá entender claramente la trilogía líder-movimiento-estado en su versión más pura e indivisible.
En cuanto al comercio exterior:
1) control estatal del comercio exterior sobre las bases de la formación de un monopolio estatal.
2) liquidación de los monopolios extranjeros de importación y exportación.
3) control de los productos en las operaciones comerciales con un sentido de defensa de la renta nacional. Planificación del proceso en vista a las necesidades del país, en función de su desarrollo histórico, teniendo presente el interés de la clase laboriosa.
4) ampliación y diversificación de los mercados internacionales de manera que los monopolios extranjeros no nos impongan bajos precios para nuestros productos, y teniendo presente la experiencia sufrida frente a las metrópolis imperialistas: "que compran barato y nos venden caro".
5) denuncia de todos los pactos lesivos de nuestra independencia económica, concluidos por el gobierno provisional, más allá de todas sus facultades como gobierno de facto.
6) planificación de la comercialización teniendo presente nuestro desarrollo interno.
7) integración económica con los pueblos hermanos de nuestra América, sobre las bases de las experiencias realizadas.
Referido a los objetivos en el orden interno:
1) política de alto consumo interno: altos salarios, mayor producción para el país, con sentido social.
2) desarrollo de la industria liviana adecuada a las necesidades del país.
3) incremento de una política económica tendiente a lograr la consolidación de la industria pesada, base de cualquier desarrollo futuro.
4) política energética nacional: para ello se hace indispensable la nacionalización de las fuentes naturales de energía, y su explotación en función de las necesidades del desarrollo del país.
5) nacionalización de los servicios públicos, adecuando su explotación, no con un carácter lucrativo, sino dirigido y orientado a consolidar la política de independencia económica en su aspecto integral.
6) nacionalización de los frigoríficos extranjeros, a fin de posibilitar la eficacia del control del comercio exterior, sustrayendo de manos de los monopolios extranjeros dichos resortes básicos de nuestra economía.
7) soluciones de fondo, con sentido nacional, a los problemas económicos regionales sobre la base de integrar dichas economías a las reales necesidades del país, superando la actual división entre "provincias ricas y pobres". (aquí surge un aspecto distintivo de la experiencia peronista con las dos olas históricas anteriores, en el que aparece la integración del interior como elemento constituyente del contrato social, sobre el que volveremos más adelante).
8) control centralizado del crédito por parte del estado adecuándolo a un plan de desarrollo integral de la economía con vistas a los intereses de los trabajadores.
9) programa agrario, sintetizado en: mecanización del agro; "tendencia de la industria nacional", expropiación del latifundio y extensión del cooperativismo agrario, en procura de que la tierra sea de quien la trabaja.
10) planificación de una acción tendiente a la recuperación para el país, de zonas económicas potencialmente ricas, ahogadas por la orientación "portuaria" de nuestra economía.
Para ello, política de caminos, ferrocarriles y demás transportes hacia el interior con sentido de integración de las distintas zonas económicas. Política de irrigación (diques), conectada con un aprovechamiento de la energía hidroeléctrica.
11) política de tierras fiscales dirigida a lograr una mayor producción mediante un mayor control de los auténticos productores.
En el aspecto social es dónde surgen las organizaciones intermedias ( aún disimuladas tras la genérica definición de obreros) como brazo ejecutor de políticas que, sin embargo, reconocen su origen en decisiones del estado peronista:
1) control obrero de la producción y distribución de la riqueza nacional, mediante la participación efectiva de los trabajadores:
a) en la elaboración y ejecución del plan económico general ( n.del a.: del estado) a través de las organizaciones sindicales.
b) participación en la dirección de las empresas privadas y públicas, asegurando en cada caso, el sentido social de la riqueza.
c) control popular de precios (n.del.a: máximos o de referencia, fijados por el estado).
2) salario mínimo, vital y móvil.
3) previsión social integral.
a) unificación de los beneficios y extensión de los mismos a todos los sectores del trabajo.
b) planificación de la previsión social, teniendo presente las necesidades reales en y durante todas las etapas de la vida (desde el nacimiento hasta después del fallecimiento, teniendo presente los sucesores).
c) mantención de los valores materiales al nivel del valor de la moneda.
d) control obrero en la política de previsión social.
e) agilización de los trámites y eliminación de los organismos burocráticos.
4) reformas de la legislación laboral, tendiente a adecuarla al momento histórico y de acuerdo al plan general de transformación popular ( n.del a.: resuelto por el estado) de la realidad argentina.
5) creación del organismo estatal, que con el control obrero, posibilite la vigencia real de las conquistas y legislación sociales.
6) estabilidad absoluta de los trabajadores.
7) fuero sindical.
Y en lo referente a la nueva organización política del país:
a) elaboración del gran plan político-económico y social de la realidad argentina, que reconozca la presencia del Movimiento Obrero como fuerza fundamental nacional, a través de su participación hegemónica en la confección y dirección del mismo.
b) fortalecimiento del estado nacional popular, tendiente a lograr la destrucción de los sectores oligárquicos antinacionales y sus aliados extranjeros, y teniendo presente que la clase trabajadora es la única fuerza argentina que representa en sus intereses, los anhelos del país mismo, a lo que agrega su unidad de planteos, de lucha y fortaleza.
c) dirección de la acción hacia un entendimiento integral (político-económico) con las naciones hermanas de nuestra América.

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