miércoles, 22 de abril de 2009

LA OTRA REPUBLICA-PARTE 14

-de espaldas al mundo-

En la actualidad ya nadie se atreve a discutir que una parte fundamental del contrato social lo representa la capacidad de una sociedad en la tarea de integrarse con los demás países del mundo.

En este sentido, el concepto de globalización no aparece como una realidad impuesta desde el poder mundial sino, por el contrario, como el resultado del final de una lucha sorda entre el aislacionismo que planteaban las economías cerradas del siglo XX y los postulados de las sociedades abiertas que veían en el respeto a las libertades individuales y al multilateralismo comercial el camino hacia el desarrollo y la base del bienestar.

Seguramente mucho pueda decirse –y de hecho han corrido ríos de tinta al respecto- del modo con que el mundo libre logró sus objetivos. Ello sería a esta altura ocioso, al menos a los fines del presente trabajo.

Lo cierto es que entre ambas concepciones fue creciendo, en la segunda mitad de esa centuria, una tercera opción política que pretendió desarrollar un grado de independencia económica, cultural e institucional que protegiers a los países de mediano y pequeño desarrollo de la presión que sobre ellos ejercían dos agobiantes bloques hegemónicos.

La falta de solidez institucional fue sin duda la que hizo fracasar estos intentos de tercera posición, al menos en el bloque latinoamericano y seguramente con más acento en la Argentina peronista.

Todo quedaba supeditado a una persona (Perón) y por lo tanto todo formaba parte de los mecanismos de amor-odio que signaban la vida nacional de aquellos años.

Si para sus seguidores todo lo que Perón plantease era bueno, era lógico suponer que para sus enemigos todo lo que iniciase debía ser destruido.

Las ideas de unidad continental habían germinado en la etapa emancipadora en base a comunes creencias, normas y objetivos a pesar de que el idealismo bolivariano no imaginaba, y mucho menos proponía por entonces, la formación de un único mercado compartido.

Todo lo contrario, sus esfuerzos estaban encaminados al plano superestructural . Este proyecto vivirá su momento de apogeo en el Congreso de Panamá (1826) y será dejado de lado luego del fallido Congreso de Lima (1864).

Aislados en su balcanización los Estados de la Región deberán esperar mejores épocas para plantearse el tema de la unidad.

En 1941 se suscribirá el Tratado de Montevideo, que morirá antes de ver la luz y Latinoamérica deberá esperar hasta la década del 40-50 para que las formulaciones de unidad cobren nueva vigencia.

El planteamiento integracionista resurgirá cuando, en la segunda posguerra Estados Unidos proponga a Europa Occidental caminar en esa dirección, con el objeto de contrarrestar el avance soviético.

Europa había sido escenario de enfrentamientos como los de 1870/71, 1914/18 y 1939/45. Su desgarramiento y postración debían evitarse, así como el expansionismo de la URSS.

En virtud del Plan Marshall, Estados Unidos participará en la reconstrucción europea y prestará socorro financiero por intermedio de la O.E.C.E. Organización Europea de Comercio Exterior) para el cumplimiento de sus objetivos.

Una Europa fragmentada y enfrentada era, por razones de vecindad geográfica, fácil presa de la URSS; por el contrario una Europa comunitaria era la fórmula ideal para derrotar el estancamiento y aventar la “asechanza soviética”.

Es necesario admitir que EEUU tiene intereses globales y que, en esa instancia histórica, estos y los de Europa Occidental eran convergentes, lo que no ocurría con los de América Latina.
Estos últimos pasaban por el meridiano de la industrialización, por la diversificación de la producción, por la estabilización de los precios de las materias primas, por la formación de un mercado sudamericano ampliado y por una nueva inserción externa ; y todo ello representaba para los ganadores de la guerra una tema menor, pero que podía ser riesgoso si se dejaba avanzar en manos de los gobiernos populistas de la región.

Norteamérica -acosada por sus responsabilidades en materia de seguridad en Europa y Asia- tendía a descuidar o ignorar a América Latina.

La Argentina de la segunda posguerra padecía , desde hacía casi un cuarto de siglo, de una degradación de su personalidad política internacional.

El cuadro de posibilidades en el cual puede insertarse se había limitado seriamente por el deterioro de la relación con el Reino Unido de Gran Bretaña y por la agudización en los ´40 del habitual anti norteamericanismo de nuestra sociedad.

Persuadida cierta elite de que el país había perdido el rol de influyente Regional que el Reino Unido de Gran Bretaña le había atribuido, a través del vínculo societario que se prolongó desde 1880 hasta 1930, especuló con el desencadenamiento de un tercer conflicto bélico mundial, que acelerase la industrialización y reorientase la producción hacia un mercado latinoamericano autosuficiente, en el que la Argentina desempeñase el papel de proveedor de bienes manufacturados.

Descartado el enfrentamiento desembozado con la potencia hegemónica, cuyo PBI representaba casi la mitad del mundial , Argentina debía acumular recursos de poder y complementar racionalmente su economía con los estados vecinos ( en modo especial Brasil y Chile) para negociar en las condiciones menos desfavorables posibles con Estados Unidos su ubicación en la bipolar y estratificada comunidad internacional de posguerra.

La política exterior del gobierno peronista utilizó diversos cursos de acción para lograr su objetivo de acrecentar el poder de Sudamérica bajo liderazgo argentino.

Los medios de que se vale son la búsqueda de la unión aduanera, la coordinación de las relaciones exteriores, la solidaridad en el ámbito de los derechos económicos y sociales y en el ámbito de las relaciones bilaterales.

Muchas de las esperanzas concretas de Perón al respecto se basaban en fortificar las relaciones brasileño-argentinas, en vísperas de las elecciones que llevarán a GetulioVargas, nuevamente, a la primera magistratura de su país en 1950.

El gobierno peronista intentará entonces llevar a cabo una política de integración en base a un acuerdo con el varguismo y más tarde, atento a la reticencia y rechazo brasileño, mediante la denominada unión económica con otros estados sudamericanos.

No duda para ello en enfrentar abiertamente las propuestas norteamericanas de multilateralismo económico –que de por sí descartaba la integración regional al estilo europeo- oponiéndole el bilateralismo como intento de preservar la amenazada individualidad del estado argentino, disuelta (según Perón) en un organismo como el GATT, en el que la nación del Norte ejercía primacía. Para ello propone una unión económica austral, a la que se arribará por vía bilateral.

El Tratado de Unión Económica suscripto con Chile, el primero en orden cronológico, estará abierto a la adhesión de terceros estados.

Se utiliza la vía bilateral, aprovechando el prestigio del presidente argentino en América del Sur, respaldado por una intensa acción propagandística. De esta manera se podrá alcanzar una unión aduanera que evadiese el control de EEUU y en la que Argentina ocupase un rol protagónico.

En este cuadro bipolar no encontrará en el hemisferio americano socios inclinados a cooperar abiertamente con su finalidad de morigerar el poder estadounidense.

Las sanciones que podía aplicar la potencia hegemónica eran fácilmente esperables: intervencionismo, proteccionismo y agresión económica a partir del aislamiento argentino.

Perón, consciente de su debilidad para enfrentar a la potencia rectora, tratará de acumular poder para resistir sus penalidades y buscará, en forma infructuosa, derivar todo conflicto regional al ámbito de las Naciones Unidas, buscando así neutralizar la hegemonía norteamericana a la vez que intentará la estabilización de los precios de las materias primas como medio de financiar la industrialización de los estados del área.

El diálogo sur-sur que implementa el gobierno justicialista no excede el marco geográfico latinoamericano, en una época en la que los estados de la periferia del mundo daban en Bandung (1955) sus primeros pasos.

Su meditada actitud de enfrentamiento lo llevará a no ratificar la Carta de Bogotá (OEA), los Acuerdos de Bretton Woods(FMI-BM) y el tratado de La Habana(GATT).

Discriminaba así los intereses norteamericanos en el mundo de la política y el de los negocios del interés de EUA en el terreno de la seguridad .

Resistirá a los primeros y transigirá con éste último. El gobierno Argentina aprobará el TIAR de Río de Janeiro (ley 13.903).

Al percibir que el enfrentamiento de guerra fría, ideológico en su exterioridad, encubre una disputa de poder entre las dos superpotencias buscará aprovechar los intersticios que ofrece el sistema imperial americano para formular sus propuestas autonomistas heterodoxas que no pasan de ser una tentativa hacia la autonomía de la Región.

En la X Conferencia Interamericana de Caracas (Marzo 1/ 28, 1954), el gobierno argentino no podrá contener la condena a la Guatemala de Jacobo Arbenz propuesta por el Departamento de Estado y concluirá absteniéndose, en aislada postura junto con México. En el mismo foro, el gobierno argentino defenderá los principios de libre determinación y no intervención en los asuntos internos de los estados (Declaración de Caracas), votada por unanimidad, que morigerará las consecuencias de la doctrina Foster Dulles.

Con la única abstención de Estados Unidos será aprobada en la reunión la ponencia argentina que condena el colonialismo y la ocupación de territorios en América por potencias extracontinentales (Belice, Islas Malvinas y Las Guayanas).

La Cancillería argentina será la única que, derrocado Arbenz, exigirá la reunión de la OEA para tratar el caso guatemalteco. El delegado argentino, Hipólito Jesús Paz, se pronunciará a favor de la reunión interamericana de Cancilleres, porque su gobierno considera que el conjunto de acontecimientos, especialmente la acción militar llevada a cabo en Guatemala, justificaban un examen perentorio del asunto.

En este período, Buenos Aires-Washington constituirán los principales nodos de la política panamericana y la tradicional rivalidad encontrará en aquellas ciudades a los polos de la confrontación hemisférica.

Lo destacable en la formulación política de Perón era lo que él ponderaba como tránsito inexorable hacia los grandes espacios económicos; en forma permanente aludirá al pasaje de los feudos al estado-nación y de éste último al continentalismo.

Lo criticable sería, en todo caso, la falta de ductilidad y diplomacia para quitar a la Argentina de la línea de fuego de quien ya emergía en el horizonte mundial como un poder hegemónico, desarrollando acciones de persuasión que lograsen cambiar la imagen distorsionada que sobre el peronismo y su líder existía en norteamérica a partir de la acción sostenida y vehemente de Spruille Braden – y de quienes le sucedieron al frente de la embajada en el país- desde los tiempos mismos del surgimiento político de Perón.

Tal vez no llegó a tomar conciencia acabada del precio que Argentina debería pagar por ello en el futuro.

El gobierno argentino alcanzará algunos logros en diversas conferencias regionales y mundiales, a través de apoyo y solidaridad de los estados sudamericanos, que secundaron sus propuestas en lo referente a la plataforma continental y al mar epicontinental, al intercambio desigual, el desarrollo programado y a la integración económico-comercial.

En la Reunión de la Organización de la Agricultura y la Alimentación para el establecimiento del Consejo Latinoamericano de Pesca (Lima Septiembre 17/22, 1951), la Argentina adherirá a la propuesta de extensión de las aguas territoriales hasta las docientas millas de la costa y a la reserva de los recursos pesqueros, para aquellos estados que los poseen dentro de su mar territorial .

Consecuente con esta medida, apoyará la conducta de Ecuador, Perú y Chile que ratificaron en la Conferencia del Pacífico Sur (Santiago de Chile, 1952), su decisión de extender sus aguas jurisdiccionales para la defensa de la riqueza ictícola hasta las docientas millas, desde las tierras continentales e insulares, posición que no contaba con la simpatía norteamericana debido a la necesidad estratégica de resolver el problema básico de alimentación que existía en la Europa de pos-guerra.

En la IX Asamblea General de ONU, se solidarizó con el gobierno peruano en su contencioso con las naves pesqueras de propiedad del armador griego Aristóteles Onassis, por entonces aliado de los Estados Unidos, que efectuaban las capturas dentro de su límite jurisdiccional .

Desde la presidencia del Consejo Económico y Social (ECOSOC) y en su actuación en la Asamblea General de Naciones Unidas, el gobierno argentino, denunciará el deterioro de los términos del intercambio y exigirá la estabilización de los precios de los commodities. Asimismo, recomendará que los Estados subdesarrollados se organicen en torno de uniones aduaneras o mercados comunes, para aumentar el intercambio intra regional, coordinar los programas de desarrollo doméstico y acelerar el desenvolvimiento de sus economías.

En la Reunión de la CICYP (Noviembre 16, 1952), en Lima, exigirá la estabilización de los precios de las materias primas.

En la Conferencia de Caracas (Febrero 9/21, 1952); en la Tercera Sesión Extraordinaria del CIES, acusará a la Conferencia de Materias Primas de ser un pool de naciones compradoras (países industrializados), constituido para pagar lo menos posible por la producción primaria de los países subdesarrollados.

En la VII Asamblea General de Naciones Unidas (1952) presentó un proyecto de resolución que será aprobado, titulado: “Financiamiento del desarrollo económico, a través del establecimiento de precios internacionales justos y equitativos de los productos primarios y de la realización de programas nacionales de desarrollo económico integral”. Dicha resolución tuvo favorable acogida, en la mayoría de los Estados de América Latina .

En la Conferencia Interamericana de Ministros de Finanzas de Río (Quitandinha), las naciones latinoamericanas propondrán la creación de un Banco Interamericano, antecedente del BID, destinado a financiar su desarrollo económico, sin la cooperación de EUA. El proyecto era chileno y el gobierno argentino será su principal copatrocinador.

El gobierno norteamericano dictaminará que con el Eximbank, el BIRF y la proyectada Corporación Financiera Internacional -amén de los capitales privados- era posible satisfacer todos los requerimientos latinoamericanos.

Estimará superflua e innecesaria la creación del Banco Interamericano para el Desarrollo y desechará la propuesta, que deberá esperar mejores épocas para su alumbramiento.
La circunstancia de que algunos gobiernos de América Latina tuviesen sus reservas en dólares, comprometidas con el Fondo Monetario Internacional o bien invertidas en bonos en el Banco Mundial, conspirará contra la realización del plan chileno.

En la misma Conferencia – Quitandinha –, Argentina criticó fuertemente la ley de excedentes agrícolas de EUA afirmando que permitía que la producción primaria agrícola de dicho país compitiera deslealmente en el mercado mundial, con el trigo y el maiz argentinos.

En definitiva, si bien en Naciones Unidas el gobierno argentino apoyará a EEUU en cuestiones relacionadas con la seguridad mundial, dentro del hemisferio americano planteará permanentemente el conflicto económico norte-sur y no el ideológico este-oeste.

La cuestión llega a su punto de mayor tensión cuando Perón visita Chile y firma un acuerdo de integración comercial con el jefe de estado trasandino, Ibáñez del Campo, que es visto como una agresión directa a los intereses comerciales norteamericano y no tan sólo en la región.

El encuentro de los Presidentes tendrá gran repercusión en el mundo. La prensa francesa opinó: “la visita de Perón a Chile podría tener una gravitación considerable entre los Estados Unidos y los países de América del Sur. El acuerdo Perón-Ibañez podría tener como resultado la creación de un frente de resistencia, que les permitirá no sólo obtener mejores condiciones de comercialización para las materias primas sino también una reducción los precios de los productos manufacturados que les vende EEUU. Como derivación de ello, contarían también con una mayor reserva de dólares”.

La prensa madrileña manifestó : “Asistimos a una resurrección del nacionalismo del hemisferio meridional... No se conoce aún la magnitud del acuerdo entre Chile y Argentina, pero su valor inmediato está representado por el hecho de que abre un camino a la unidad de los veintiún países de América Latina” .

A su regreso de Chile, el Presidente argentino pronuncia un discurso en la estación ferroviaria de Retiro, en el que manifiesta: “La idea de unidad, de asociación o federación americana, es tan vieja como nuestra independencia. Ya en 1810, el fiscal de Lima, Pedro Vicente Cañete, lanza por primera vez la idea de una asociación de naciones americanas... En Chile, Juan Egaña enuncia lo mismo, y ya en 1810 Juan Martínez de Rozas, un argentino que también fue chileno, presenta a nuestra Junta de Gobierno la idea de formar una federación de pueblos en la América Meridional. La oposición de Moreno, quien instó a Chile a formar gobierno propio, hizo fracasar esta iniciativa. El 19 de septiembre de 1810 Alvarez Jonte lleva instrucciones, en su misión a Chile, de formar la federación argentino-chilena, y el 21 de marzo de 1811 se realiza la primera Unión del Sur, tratado firmado por Alvarez Jonte en forma amplia y extensiva. En 1816 San Martín recibió instrucciones en el mismo sentido del gobierno de Pueyrredón. En 1818 las proclamas de San Martín en Chile y Perú y en Argentina afirman el mismo sentido americanista meridional. En 1817 Bolívar insinúa a Pueyrredón formar una sola nación de todo el nuevo mundo o bien, una sociedad de naciones en América Meridional. En 1822 Bolívar trata de hacer efectiva la idea anterior, y en 1826 se reúne el primer Congreso de Panamá, que el 22 de junio de ese año, realiza los primeros tratados en el sentido de la unidad. Luego en 1831, en 1838 y en 1840 no se logra reunir el Congreso para llevar a cabo la unidad, a pesar del empeño de México que ya interviene en esta idea. En 1847 y 1848 se reúne el primer congreso de Lima, donde se establece la primera Confederación. El segundo tratado de Lima realiza la Unión y Alianza. Luego en toda nuestra América, sea en el centro o sea en las formas de la Gran Colombia se han venido gestando y propugnando todas estas clases de unión bien recibidas por los verdaderos americanos, los que no sirven intereses bastardos, sino los intereses de los pueblos de América...No se nos escapa que hoy, como siempre, hay intereses que se oponen a que nos unamos... La unión argentino-chilena no ha excluido ni excluye la futura adhesión de los pueblos hermanos de América... Cada argentino debe saber que esta es una acción constructiva, que no tiene finalidades ofensivas, que no está dirigida contra nadie y que tiene como único objetivo la felicidad y grandeza de los pueblos que la componen o compongan en el futuro”.

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